Un Dios Sin Límites

“Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.”

Salmo 139:6

 

Estas palabras no salieron de cualquier boca, salieron de la boca de un varón conforme al corazón de Dios. No salieron de una mente cualquiera, fue de la de un experimentado militar y jefe de estado. No salieron de cualquier mano, salieron de la pluma de uno de los más leídos y cantados escritores de la historia.

 

El Rey no disimula su impresión ante la revelación de un Dios sin límites. Comenzó a sentirse desnudo ante el penetrante ojo de Jehová. Comprendía que Dios no sólo lo escudriñaba, sino que también lo conocía. No había forma de mantener cosa alguna fuera de su dominio.

 

David descubrió a Dios en la intimidad de su alcoba, lo encontró en la privacidad de su pensamiento y fue asaltado por Él en los dominios de sus caminos.

 

Confirmó en su experiencia lo inútil de la carrera del hombre tratando de escapar de un Dios sin límites. Ni en los cielos, ni en la tierra, ni aun debajo de la tierra encuentra escape. Y finalmente se siente vencido.

 

Pero no simplemente por la grandeza de Su poder. Vencido por una gracia que se extiende más allá del tiempo y del espacio sin reconocer obstáculo que se oponga a su propósito.

 

El asombro del salmista aumentó al entender que esa gloria siempre presente no era una amenaza fiscalizante, sino poder que controla y gracia consoladora.

 

Que Dios está en todo lugar, todo lo sabe y todo lo puede son verdades declaradas pero pocas veces creídas a profundidad. Por un lado, son autoridad que hacen temblar y por otro, promesas que confortan.

 

Este conocimiento de David es maravilloso, no por lo novedoso sino más bien porque fue creído. En el versículo 16 de este Salmo declara: “Mi embrión vieron tus ojos” Casi cualquier persona comentaría, Dios ve el embrión de todo niño, ¿qué de especial tenía el embrión de David?

 

Justamente lo extraordinario es eso, que el embrión de David no tuvo nada especial fue igual que el suyo, amble lector. Pero David creyó esta gran verdad, que los ojos divinos estuvieron atentos en el proceso de su desarrollo, y eso lo hizo sentirse cuidado, elegido y especial.

 

¿Cuándo comenzará usted a creerlo? ¿Cuándo creeremos que la soberanía divina es amor manifiesto? Y que en la mente ilimitada de Dios hay no sólo conocimiento amplio sino consciencia particular. Dios está atento a cada paso que damos y nos cuida.

 

Eso dice que usted es importante para Dios. Él no le dejará ni le desamparará. ¡Usted cuenta con el apoyo de un Dios sin límites!

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