¿Por qué Dame Cinco?

En mi diálogo cotidiano con pastores alrededor del mundo he podido identificar algunas de las más comunes frustraciones. Tengo la impresión de que es común a casi todos los pastores la preocupación por no lograr desarrollar hábitos espirituales permanentes en la vida de sus feligreses.

No es raro escuchar a algunos colegas decir “Me frustra ver como después de un énfasis espiritual muy intenso los resultados se pierden casi de inmediato”

¿Por qué los que se comprometieron a orar una hora diaria abandonaron la práctica en poco tiempo, la mayoría de los que formaron parte del ministerio de evangelismo perdieron el entusiasmo y de los que iniciaron el proceso de leer la Biblia en un año muy pocos lo cumplieron?

¿Que por qué?

Hay una frase en Romanos 12:3 que debe ser parte de nuestra reflexión, “sino que piense de sí con cordura”. O como lo dice la NTV “Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos” Será que nuestras expectativas entorno a lo que esperamos de nuestros hermanos y de nosotros mismos están fuera de la realidad.

Cuando digo fuera de la realidad no quiero decir que es imposible orar una hora diaria o leer la Biblia en un año o evangelizar de forma cotidiana. Estoy preguntando si es que comenzar a ese nivel no es frustrante para aquellos que carecen de los hábitos y disciplinas necesarias para lograrlo.

Siento la frustración en la voz de los hermanos cuando me dicen “Soy indisciplinado en la oración y no cumplo. Inicio mi compromiso de una hora diaria de oración pero no me dura más de una semana.” Otros luchan por participar en la evangelización diaria pero pronto surgen dos o tres circunstancias que le impiden cumplir, les llega el desánimo y se acabó el evangelismo. También veo que sucede con la lectura de la Biblia en un año. Y lo peor de todo esto es que llegan a creer que es una ley divina que todo creyente debe leer la Biblia en un año, orar una hora diaria y evangelizar cuando menos a una persona cada día. Claro que al no lograrlo llega la frustración, el sentimiento de culpa y el desánimo. En lugar de acusar al creyente tildándolo de poco espiritual resulta mejor establecer metas realistas dentro de las circunstancias que nos permitan crear los hábitos espirituales y aumentar gradualmente tales metas hasta alcanzar los objetivos deseados.

Los pequeños logros nos animan

Por esa razón se me ocurrió hacer una sugerencia que he puesto en práctica en mis campañas con gran éxito. Se trata de lanzar un desafío al pueblo de Dios para un compromiso menor que pueda desarrollarse gradualmente. Los pequeños logros nos animan. Comencé llamando al pueblo a un compromiso diario de cinco minutos misioneros durante la extensión de la cruzada evangelística que realizábamos. Esos cinco minutos misioneros eran utilizados para testificarle de Cristo a una persona e invitarlo al servicio nocturno. Los resultados fueron buenísimos. Los hermanos se acercaban para testificarme cómo Dios los había usado durante esos cinco minutos. Y el efecto se sentía de inmediato en la campaña, nuevas vidas llegaban al Señor. Aún más impactante resulta descubrir el efecto que tiene en el creyente esas pequeñas victorias. Cualquiera puede tomar cinco minutos para honrar a Dios realizando trabajo misionero.

Lo triste es ver que una vez terminada la cruzada la práctica se acaba sin dar tiempo a la creación del hábito.

Dame Cinco

He escuchado decir a algunos profesionales de la conducta que se requiere de al menos veintiún días de una práctica disciplinada para crear un hábito. De manera que utilizando como punto de partida el límite de 21 días estamos desarrollando todo un programa para la iglesia local que llamamos Dame Cinco.

Dame Cinco consiste en una sencilla propuesta donde pedimos un pequeño compromiso, fácil de cumplir y al alcance de todo creyente. Simplemente, por decirlo de alguna manera, tomar los primeros cinco minutos al despertar para conversar con el Señor poniendo en sus manos el nuevo día y sus proyectos. Quedar en el auto cinco minutos leyendo la Biblia antes de entrar a trabajar. Ocupar cinco minutos del almuerzo para preguntarle a algún compañero de trabajo si alguien le ha hablado del amor de Jesús o si ha tenido alguna experiencia con Cristo que pueda contarle. Es simplemente buscar una excusa para compartirle su experiencia personal con Jesús tomando para esto cinco minutos.

Se imagina lo que sucedería si veintiuno de sus amigos en Cristo se pusieran de acuerdo para realizar el compromiso de Dame Cinco por veintiún días o más. O si cuando menos veintiuna de nuestras iglesias en la ciudad aceptaran el reto y desarrollaran el programa. Podríamos cambiar el clima espiritual de cualquier lugar con sólo darle cinco al Señor.

Piénselo, con cinco minutos de lectura bíblica su vida y familia pueden ser cambiadas, con cinco minutos de oración diarios usted puede influenciar lo que sucede en cualquier parte y con cinco minutos de testificar de Cristo participa con el poder que transforma al mundo.

¿Quién podrá negarse a responder cuando Jesucristo nos dice: Dame Cinco?